martes, 11 de septiembre de 2012

CINTURON DE CASTIDAD
Un cinturón de castidad es un cinturón o braga de hierro, cerrable con llave, que supuestamente se obligaría a usar a algunas mujeres en la Edad Media para evitar las infidelidades o deslices sexuales. Su efectividad se basa en el hecho de que, una vez cerrado el candado y retirada la llave, resulta imposible que un hombre introduzca el pene en la vagina de la mujer dado la presencia de púas en el cinturón al nivel en que ésta se encuentra; por lo que constituye un bloqueo para iniciar el coito.
Se usaba cuando los esposos se iban a guerra les ponian el cinturon y habia 2 llaves una la tenia el marido y otra el sacerdote si el marido no veia a la esposa en un año el sacerdote entre un tiempo de 4 años decidia quitarle el cinturon.
El objeto ganó popularidad en Inglaterra en el siglo XIX gracias a un libro cuyo contenido lo describía como "una de las cosas más extraordinarias que los celos masculinos hayan realizado". El libro describe cómo era usado el objeto para asegurar la fidelidad de las damas que se quedaban solas en casa mientras los aguerridos maridos iban a luchar a las Cruzadas.
Esta es la opinión más habitual, aunque equivocada. El cinturón de castidad no puede usarse más que durante unas horas, a lo más un par de días. De otra forma, la mujer que lo llevase moriría víctima de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal. En realidad, el cinturón de castidad era utilizado por las mujeres como defensa contra la violación, en época de acuartelamiento de soldados, durante viajes y en estancias nocturnas en posadas. Su uso era mas frecuente en enfermeras y religiosas que atendían heridos en los frentes de batalla para evitar las violaciones.
De cualquier modo, el cinturón de castidad es en realidad una invención muy posterior a la Edad Media, como mínimo del Renacimiento, aunque lo cierto es que no existen referencias históricamente probadas anteriores al siglo XIX. Ninguno de los cinturones de castidad que existen fueron hechos en el medievo, todos los expuestos en museos fueron retirados tras comprobar que eran falsificaciones del siglo XIX.
En la actualidad siguen existiendo en forma de juguetes eróticos y, en algunos casos, son hombres quienes se los ponen a sí mismos para luego ceder las llaves a su pareja.
Cinturón de castidad.
ARQUITECTURA
  • Inicios:
En arquitectura el barroco español mantendrá los esquemas fundamentales del edificio, sobre los que diseñará toda la fantasía ornamental. Uno de los primeros arquitectos que se despega de la austeridad escurialense es Juan Gómez de Mora, que hace la portada del Convento de la Encarnación de Madrid, dentro de un gran purismo, la Clerecía de Salamanca, prototipo de barroco equilibrado, y en Madrid traza la Plaza Mayor y el Ayuntamiento, de recuerdo claramente herreriano. De esta época corresponden también el panteón del Escorial, obra de Juan Bautista Crespo, y la Sacristía del Monasterio de Guadalupe, en la que destaca la mezcla de abundante decoración con la severidad de las líneas, de autor desconocido.

  • Plenitud:
José de Churriguera rompe todos los moldes establecidos y alcanza la auténtica libertad expresiva hasta el punto que después se ha denominado churrigueresco a todo el arte barroco que se caracterice por la multiplicidad de ornatos y descoyuntamiento de los elementos tradicionales. Pero José no fue el único Churriguera; él pertenece a toda una generación que llenan la geografía española de sus obras. Con frecuencia trabajan varios familiares en los mismos proyectos, lo que hace difícil precisar la labor concreta de cada uno. Lo que sí esta claro es que los sucesores de José fueron recargando y descoyuntando más el estilo con una fantasía única en Europa. Se sabe que son del mismo José de Churriguera el Palacio e iglesia de Nuevo Baztan y la de Loeches y el Retablo de San Esteban, en Salamanca, en el que utiliza unas columnas salomónicas gigantescas. A los Churriguera, en general, se deben importantes obras como la Plaza Mayor de Salamanca, la cúpula de la Catedral de esta ciudad, el remate externo de la Catedral de Valladolid y un estudio planimétrico de Madrid.
Narciso Tomé es padre de otro grupo de arquitectos decoradores. Es violentamente barroco y es quien mejor sabe expresar el nuevo lenguaje espacial que propone el barroco italiano. Su obra más importante es el Transparente en la girola de la Catedral de Toledo. Nunca antes se había utilizado en España el barroco con tanta vehemencia; las tres artes plásticas quedan integradas en un solo lenguaje expresivo.
Pedro Ribera es el más importante arquitecto de todo el barroco español, de insólita imaginación creadora y un excelente ingeniero constructor. Su obra no se limita a los aspectos decorativos sino que demuestra tener un gran sentido del espacio y de las estructuras internas. Trabaja principalmente en Madrid, ciudad a la que da una inconfundible fisonomía, con lo que se ha dado a llamar barroco madrileño. Utiliza todos los elementos ornamentales del vocabulario churrigueresco pero con especial preferencia los estípites. Es esencial en su obra el uso del baquetón, o moldura cilíndrica muy gruesa que se encurva ciñendo puertas y ventanas. Son interesantísimas sus numerosas portadas madrileñas, como la del Antiguo Hospicio, la del Cuartel del Conde Duque o la de la Calle de la Magdalena. Entre sus obras de ingeniería merece especial atención el Puente de Toledo en Madrid.
  • En Andalucía y Galicia:
En Sevilla se da el barroco más singular, síntesis de lo morisco, lo plateresco y lo barroco. Tiene sus mejores representantes en la dinastía de los Figueroa, a los que pertenece la Iglesia de San Luis, con una gran cúpula sobre el cimborrio de la cruz griega.
En Galicia, y particularmente en Compostela, el barroco alcanzó notas de gran originalidad. La obra maestra de este periodo en Galicia es la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago realizada por Casas Novoa.
  • Arquitectura palaciega:
Las relaciones con Francia consiguen abrir en la católica España una vía de interés por la suntuosidad cortesana. A partir de fines del XVII con la nueva dinastía llegan a España arquitectos franceses e italianos que introducirían las plantas elípticas y las fachadas curvas. Pero su labor más importante se centra en los palacios, así en Madrid Juvara y Sachetti levantan el Palacio Real, en Aranjuez, los italianos Bonavia y Sabatini amplían el palacio y trazan la urbanización del pueblo entero y en La Granja Juvara hace la gran fachada clásica y se trazan amplios jardines según los ideales de Le Notre.
ESCULTURA
El signo que caracterizó a las artes figurativas españolas fue, ante todo, el realismo. La temática quedó fijada por quien es casi único cliente: la Iglesia. Pero ante los retablos de pura arquitectura clásica se alzan, ahora, retablos libres en los que la escultura aparecerá exenta y rara vez en bajorrelieves. El menor papel que la escultura ocupa en los retablos viene compensado por la proliferación progresiva de esculturas independientes. En cuanto a los materiales, en general se talla en madera, la cual después se policroma. Esta policromía viene a reforzar el profundo sentido realista que no consiste en copiar la realidad, sino en hacer eterno lo efímero.
La escultura en la Corte apenas atrae el interés de los escultores, por ello la estatuaria oficial apenas existe y sólo cabe citar las estatuas ecuestres de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid y la de Felipe IV, en la Plaza de Oriente.
La escultura en la Corte se divide en dos grandes escuelas:
  • La castellana: Son esculturas hirientes, figuras con el dolor o la emoción a flor de piel. Su principal representante es Gregorio Fernández, primer gran escultor español que desde el Renacimiento no tiene nada de italiano. Profundamente religioso trata de transmitir su fe y sus emociones en un estilo directo y muy convincente. Su realismo es patético pero sin caer en las vulgaridades o fealdades inútiles. Sus desnudos, exclusivamente masculinos, no suponen un alarde de conocimientos anatómicos al modo manierista, sino un estudio correcto del natural. Las cabezas, profundamente expresivas, llevan al espectador casi al punto del desagrado, si el tema lo requiere. El modelado de sus ropajes resulta un poco convencional, quizás excesivamente angulado, pero colabora a la reciedumbre y aspereza de su expresión.
Su primera obra, de gran patetismo, es el Cristo yacente del Pardo. Es la síntesis de su modo de entender la plástica. El tema hizo fortuna y a partir de él se han realizado cientos de imitaciones de Cristos yacentes con pequeñas variaciones. También representó a Cristo en la cruz, destacando el de la Luz, hecho para San Benito de Valladolid. Por supuesto, no podían faltar las Vírgenes Dolorosas y el tema de la Purísima Concepción. Esta, tan querido por la devoción castellana, lo resuelve Gregorio Fernández dando a sus Inmaculadas un ingenuo candor casi infantil que convence sin reservas. Un buen ejemplo lo constituye la de San Esteban de Salamanca. Igualmente trabaja en grupos para los pasos de Semana Santa y en retablos, donde impone la sencillez arquitectónica, dada su predilección por las figuras grandes.
  • Andaluza: Más sosegada, busca siempre la belleza correcta sin huir del rico contenido espiritual. Destacan tres escultores principales:
Juan Martínez Montañés: nacido en Alcalá la Real, aprende en Granada y pronto marcha a Sevilla. Mantuvo siempre en su obra una distinción y mesura clásica, pero al servicio de la realidad. Su talla está muy bien modelada y sus grandes paños dan grandiosidad a la imagen. Se diría que su devoción va dirigida más al alma que a los sentidos. Su policromía bien equilibrada dista mucho del cromatismo desgarrador de la escultura castellana.
En una primera época realiza numerosas obras de muy diversas tendencias, pero la verdadera revelación de su personalidad es el Cristo de la Clemencia, prototipo andaluz del Cristo en la Cruz, que sin excesivo dramatismo, con poca sangre, y aún vivo, parece mirar a los fieles. Poco después realiza obras como el Retablo de Santo Domingo, del que sólo queda la estatua del titular. También crea el tipo del Niño Jesús desnudo, delicioso y bellísimo. De toda la serie que hizo el mejor es el de la parroquia del Sagrario en Sevilla. Probablemente el mejor momento de Montañés se refleja en el retablo que hizo en Santiponce, en donde destaca la imagen de San Jerónimo que hizo toda de su mano ya que se podía sacar en procesión. Por su grandiosidad son especialmente notables las imágenes de las Virtudes, la de San Juan Bautista y la del Crucificado. Ya en su último periodo logra crear un tipo de Inmaculada, que será una de sus más sugestivas obras.
Alonso Cano: Nace en Granada y aunque estudia en Sevilla desarrolla casi toda su obra en su ciudad natal. Es una de las personalidades más fuertes del arte español. Violento y orgulloso, soñador y utópico, luchó toda su vida por conciliar sus ideales con la realidad. Es pintor, escultor y arquitecto, lo que le permite elaborar sus retablos de forma íntegra, ya que él trazaba la arquitectura, realizaba las esculturas y las policromaba. Su obra trata de romper el recuerdo clasicista de Montañés, y gana en hondura expresiva y en dinamismo. Destacan su Retablo de la Iglesia de Lebrija, donde talla una gran imagen de la Virgen madre de gran solemnidad, y sus pequeñas imágenes como la de San Francisco en la Catedral de Toledo, y sobre todo la Inmaculada llamada del Facistol. Al final de su vida nos sorprende con unos geniales esculturas miguelangelescas de Adán y Eva.
Pedro de Mena, discípulo y colaborador de Cano, trabaja en Granada y en Málaga. Muy distinto a su maestro es más realista que él y comunica los estados de ánimo de modo muy directo. En su juventud realiza la sillería del coro de la Catedral de Málaga, donde adelanta el tipo de santos ascéticos que será lo característico de su obra. De su mejor momento resultan muy representativos y admirable, el San Pedro de Alcántara y sobre todo el San Francisco de la Catedral de Toledo, que es junto con la inmaculada de Cano una de las obras más transcendentales de nuestra imaginería. También ha dejado una extensa colección de retratos, de estatuas de penitentes,
Dolorosas, Ecce Homos y Magdalenas, de gran tensión dramática y vibrante realismo, pero dentro de la mesura andaluza.
Fuera de estos dos grupos se encuentra el otro escultor principal de este periodo, Francisco Salzillo: hijo de un escultor napolitano establecido en Murcia trabaja en esta ciudad toda su vida. A diferencia de las esculturas andaluzas, que concebía las figuras aisladas, en Levante se organizan grupos enteros, que a modo de secuencia, van narrando la Pasión ante los fieles. Su arte no está tanto al servicio de la Iglesia como al del pueblo. Muy entroncado con el arte italiano de la época, trasluce en su obra ese ligero encanto frívolo y rococó, tan de moda en la Europa del S.XVIII. Con todo sabe contactar con el alma del pueblo, por lo que fue admirado y comprendido inmediatamente. Su obra más importante es el Paso de la Oración en el Huerto, en el que destaca la figura del ángel. Como buen hijo de napolitano, también importa a nuestro país el gusto por los pesebres, realizando él mismo uno que puede citarse entre lo mejor de su obra. Salzillo cierra en España el gran ciclo del barroco y abre, con el equilibrio de su plástica, el gusto por lo clásico.
PINTURA
Características:
  • Ausencia de rasgos, que fueron habituales y definidores, especialmente en Italia, durante el Renacimiento: lo heroico, los tamaños superiores al natural, las glorias corales de los fresquistas italianos. Predomina una cierta intimidad y un sabor de humanidad poco o nada teatral. En resumen, se prefiere un equilibrado naturalismo y se opta por la composición sencilla.
  • Predominio de la temática religiosa. La expresión del sentimiento religioso se ve ayudada por elementos tales como el éxtasis, la mirada dirigida al cielo, el movimiento de la composición.
  • Ausencia de sensualidad, por obra de una implacable vigilancia que no se ablanda en España.
  • Tenebrismo, que expresa muy bien esos valores, por lo que se comprende mejor su éxito entre nosotros y no es posible reducirlo a un recurso o técnica meramente importada de Italia.
  • División de los pintores barrocos en función de la ubicación geográfica de sus centros de trabajo, y así se habla de la escuela valenciana o sevillana o madrileña. Sin embargo tal clasificación es insuficiente fundamentalmente por dos motivos: no puede dar razón de las grandes diferencias que se observan entre pintores de la misma escuela y no explica tampoco de modo satisfactorio la evolución pictórica que va desde el Manierismo hasta la decadencia del propio barroco.
Debido a este último rasgo creemos más conveniente la simple enumeración de los principales pintores del siglo:
José de Ribera: Nacido en Játiva, estudia con Ribalta y se traslada muy joven a Italia, donde recibirá el influjo de Caravaggio. En su estilo se fundirá la profunda emoción religiosa de la pintura española, y el dominio del color y de las luces, a partir del estudio de los grandes pintores renacentistas. Así nos hallamos ante un arte sombrío y dramático con una gran riqueza cromática. En su obra no faltan cuadros realistas, como el Niño Romano, ni los cuadros naturalistas, como la Mujer Barbuda. Cultiva con cierta frecuencia el tema mitológico, a veces con ironía, otras para plasmar inmensas figuras musculosas que representan en el barroco el mismo mundo sobrehumano de Miguel Ángel, así su serie de gigantes: Ixión, Ticio, o su serie de Arquímedes. El género religioso ocupa la parte central de su actividad. Sus apóstoles, como San Andrés, y sus ermitaños(San Pablo, La Magdalena), traducen su religiosidad heroica y su inclinación a los cuerpos arruinados por la vejez o el hambre. Destacan también el Sueño de Jacob y el Martirio de San Bartolomé.
Francisco Zurbarán: A pesar de haber trabajado en la corte en la ornamentación del Salón de Reinos y practicado allí temas de batallas y mitologías, El Socorro de Cádiz o las Historias de Hércules, su horizonte parece que se limita a los temas monacales. Zurbarán es por tanto un pintor aparte de grandes contemporáneos, como un cantor de la religiosidad más severa y menos retórica, apoyándose en el uso del blanco y prescindiendo de los fondos arquitectónicos. Es autor de largas series de lienzos monásticos que constituyen su más productiva especialidad, así destacan los del monasterio de San Pablo de Sevilla, las pinturas del Convento de la Merced, las series de la Cartuja de Jerez y las del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe. “Practica un tenebrismo peculiar en el que las figuras irradian ellas mismas una vivísima iluminación y que hace olvidar la anécdota para expresar mejor la intemporalidad de la experiencia religiosa de esas imágenes transfiguradas.” También cultiva con gran acierto los bodegones.
Alonso Cano, granadino de cuna fue formado en el taller sevillano de Pacheco, donde coincidió algún tiempo con Velázquez. Cultivó diversas artes como la talla y la traza de retablos e incluso la arquitectura, si bien donde más destacó fue en su labor de pintor. Hábil dibujante, muy estudioso de la composición de sus cuadros y creador de tipos femeninos que repetirá de forma ininterrumpida, en los que busca una belleza plástica y una cierta feminidad infantil. De su época madrileña es el famoso Milagro del Pozo, en el que San Isidro rescata a su hijo, y cuya factura responde al colorido realista usual en Cano. En la Virgen y el Niño, del Museo del Prado, queda definido el tipo propio de su ideal femenino destacando ante un paisaje la luz mortecina.
Bartolomé Esteban Murillo: se adaptó al gusto imperante y plasmó una religiosidad familiar y tierna. Su mayor preocupación la constituye el colorido y no presta atención a la investigación plástica que tanto atareó a Zurbarán y Velázquez. En su juventud se inició en la técnica tenebrista, época a la que pertenecen las obras que reflejan el ambiente de golfillos y mendigos de los bajos barrios sevillanos, como los Niños Comiendo Melón y Uvas. En las décadas centrales del siglo conoce un éxito grande, desplazando y acopiando innumerables encargos que le impidieron poder ausentarse de su ciudad y le imponen un horizonte un poco estrecho. Obra suya muy divulgada es la Sagrada Familia del Pajarito, una obra llena de ternura, intimidad y misticismo que culmina en sus Vírgenes y Niños(El Buen Pastor, San Juan Bautista con el Cordero) o en sus inmaculadas con rostros juveniles y en sus anunciaciones que son el culmen de este género tan característico.
Diego de Silva Velázquez: nació en Sevilla en una época en la que la ciudad andaluza era la ciudad más importante de España. A los 11 años ingresó en el taller de Pacheco, con cuya hija contraería matrimonio años más tardes. Pero pronto rompió con los rígidos preceptos del mismo, para iniciar un arte más vivo, observando la realidad y copiando incansablemente los modelos con sus movimientos y expresiones. En las obras de su etapa sevillana muestra una inclinación al tenebrismo y junto a alguna obra religiosa, La Adoración de los Reyes, predominan los temas realistas, que reflejan la vida cotidiana, El Aguador de Sevilla y La Vieja Friendo Huevos. Con el apoyo de su suegro consigue trasladarse a la Corte, ser nombrado en 1623 pintor de cámara real y gozar del favor del omnipotente Conde Duque de Olivares y de la amistad del monarca Felipe IV. En esa época se ocupa fundamentalmente de retratos y temas mitológicos. En 1628 recibe la visita de Rubens que le aconseja viajar a Italia. Su estancia en este país le hará modificar sus preferencias cromáticas, esto es, abandonará el tenebrismo para dar mayor importancia al color, al desnudo y a la perspectiva aérea. Obras compuestas en este tiempo son La Túnica de José y la Fragua de Vulcano. A su regreso de Italia se afianza como el gran retratista de la Corte, realizando retratos ecuestres, como el del Príncipe Baltasar-Carlos, el de El Conde Duque de Olivares y la larga serie dedicada a Felipe IV. En este género, Velázquez se distancia de la sensación de otras escuelas europeas, aunque sea perceptible el influjo de Rubens, omitiendo todo recurso escenográfico. Pero también es el genial retratista de tipos tan curiosos como la serie de bufones, a los que trata casi de un modo redentor. Otra obra cumbre de este periodo es el cuadro de Las Lanzas. De un segundo viaje a Italia surgen el retrato del Papa Inocencio X y el de su propio criado Juan de Pareja. Su calidad de retratista es paralela a sus dotes extraordinarias para el paisaje, como Los Jardines de la Villa Médicis, que logran captar la vibración lumínica mediante pequeños toques luminosos, anticipándose en más de dos siglos al impresionismo. El retorno a la Corte en 1561 le dará ocasión de pintar sus obras más importantes, en las que alcanza calidades insuperables: La Venus del Espejo, Las Meninas, Las Hilanderas y El Crucificado.
También cabe mencionar a otros pintores secundarios, pero que también dejaron importantes obras: Francisco Ribalta (Cena, Crucificado abrazando a San Bernardo), Roelas, Herrera el Viejo (San Buenaventura  Recibe el Hábito de San Francisco), Francisco Pacheco, maestro de Velázquez, Antonio de Pereda, Valdés Leal (Bodegón de la Calavera), Fray Juan Rizzi, Francisco Herrera el Mozo, José Donoso, Carreño, Claudio Coello.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL BARROCO
Que España fuera una delas bases de la Contrarreforma católica, la lucha de los jesuitas españoles en Trento para defender la indiscutibilidad del dogma y el poder de la Iglesia marcarían las más notorias características de nuestro barroco:
  • La temática plástica tendrá un definido carácter religioso.
  • El arte será utilizado como argumento convincente del poder católico.
  • El arte se dirigirá antes a la sensación que a la razón.
Pero, además, hay otras singularidades que lo diferencian de los otros barrocos, especialmente la gran originalidad, pues desde el mudejar no había alcanzado España una tan clara definición de su propio yo. Son entre otras estas:
  • Nunca un estilo alcanzó tan hondas y prolongadas resonancias en la plástica popular.
  • El Barroco español es una poderosa mezcla de ornamentación y sobriedad.
  • La ornamentación es abundante y complicada, pero a diferencia del barroco europeo es emotivo y alucinado.
  • La rica poolicromía de la escultura o el atormentado movimiento de las figuras están sustentadas por una imagen patética o desgarradamente dramática.
  • La pobreza de materiales, pues pese a que se levantan magnificas edificaciones, el ladrillo es mucho más frecuente que la piedra y el marmol.
  • En cuanto a la escultura, la madera, de honda tradición castellana, se empleará casi en exclusiva. Incluso para las grandes máquinas de las arquitecturas-esculturas de los retablos que inundarán todas las iglesias coetáneas o anteriores.
  • Tras la época de austeridad del Escorial, el barroco parece dispararse a modo de fuegos de artificio en mil innovaciones llenas de fantasia creadora.
  • Una enorme variedad, ya que cada autor es un estilo distinto, lo que hace difícil, y a veces imposible, una clara agrupación por escuelas.
el barroco
Se conoce con el nombre de Barroco al periodo que va desde 1600 hasta 1750. Está encuadrado entre el Renacimiento y el Clasicismo. Los hechos musicales que encuadran esta etapa son la creación de la primera ópera "Orfeo" del italiano Claudio Monteverdi (1607) y la muerte de Johann Sebastian Bach(1750), que será el genio indiscutible de esta época.
    CONTEXTO HISTÓRICO
    Las monarquías absolutas dominan el panorama político de una Europa que está sumida en un continuo de luchas políticas y guerras. El poder sigue estando en manos de la aristocracia y de la Iglesia que quieren mostrar su autoridad organizando grandes espectáculos en los que la música siempre estará presente. Se convierten, para ello, en mecenas de los mejores artistas, los cuales trabajarán en sus grandes cortes y palacios.
    CONTEXTO CULTURAL
    El Barroco es una época de gran fecundidad para el mundo de la cultura, el arte y la ciencia. En esta época se darán cita personajes importantes en el mundo de la literatura como Lope de Vega, Calderón, Cornielle o Moliere; en la pintura contaremos con artistas como Velázquez, Murillo, Rubens o Rembrant; además de destacar científicos como Galileo Galilei, Torricelli o Newton.
    La palabra Barroco significa recargado, excesivo o adornado, por lo que es común encontrar obras de arte en las que no queda ni un espacio que rellenar. A esto se le conoce con el nombre de "Horror Vacui" (miedo al vacío).
    El hombre barroco no persigue la belleza, tal y como se había hecho en el Renacimiento, sino que fundamenta su pensamiento en torno a dos aspectos opuestos: la RAZÓN y el SENTIMIENTO. La razón en cuanto que intentan buscar la lógica y el lado científico de todo. El sentimiento del ser humano que se hará evidente en todos los campos; en el musical sobretodo en la ópera.
    CONTEXTO MUSICAL
    Este pensamiento  barroco (razón-sentimiento) se va a hacer muy patente en el panorama musical. Así pues, en este periodo se busca una codificación de todos los parámetros musicales (ritmo, tonalidad,...) como forma de ordenar y racionalizar la música. Esto lo podemos constatar en la siguiente frase de J. P. Rameau (considerado el fundador de la moderna armonía):
    "...la música es una ciencia que debe disponer de unas reglas bien establecidas; dichas reglas deben derivar de un principio evidente, principio que no puede revelarse sin ayuda de las matemáticas...."
    Pero además, se van a crear nuevas técnicas para poder expresar de la mejor manera posible los sentimientos (monodía acompañada, contrastes tímbricos, uso de dinámicas,...). La ópera será el género que más desarrolle la expresión de los sentimientos.

miércoles, 22 de agosto de 2012

 El RENACIMIENTO


Picco della Mirandolla

El Renacimiento es uno de los grandes momentos de la historia universal que marcó el paso de mundo Medieval al mundo Moderno. Es un fenómeno muy complejo que impregnó todos los ámbitos yendo por tanto, más allá de lo puramente artístico como ha querido verse.

Para muchos autores empieza en 1453 con la conquista turca de Constantinopla. Según otros es un nuevo periodo que surge desde el descubrimiento de la imprenta, e incluso se considera que no se produce hasta que Copérnico descubre el sistema heliocéntrico; pero la fecha tope es 1492, con el descubrimiento de América.
El término Renacimiento deriva de la expresión italiana rinascita, vocablo usado por primera vez por el literato Petrarca y revalorada por el arquitecto y teórico Giorgio Vasari, que la delimita en el mismo momento histórico en que tuvo lugar este movimiento cultural. Vasari lo acuÒa en su obra Vidas de los más ilustres artistas para referirse a un movimiento que hace resucitar en el arte y la cultura los valores espirituales de la antiguedad clásica. El término no empieza a utilizarse hasta el siglo XVI, pero no será consagrado en sentido histórico, social y cultural hasta mediados del siglo XIX.
Será a partir de este momento cuando ya cobrará fuerza el redescubrimiento del hombre como individuo, el redescubrimiento del mundo como armonía y realidad que rodea al hombre liberado de todas las preocupaciones religiosas.
El Renacimiento es ante todo, un espíritu que trnasforma no sólo las artes, sino también las ciencias, las letras y formas de pensamiento. En su conjunto se ha visto una clara reacción al espíritu teológico de la Edad Media, sin embargo la ruptura no se produce de manera violenta porque no pocas de las concepciones que se van a desarrollar tuvieron su origen durante el medievo, y esto es claramente apreciable en el terreno artístico.

Durante buena parte del siglo XV perviven las formas del arte medieval, iniciándose una convivencia entre los clasicismos, que poco a poco van a ir imponiéndose a los elementos góticos en autores como Brunelleschi o Fra Angelico que ensayan movimientos que posteriormente se van a desarrollar. Esta serie de fenómenos nos dan a entender que hablar de ruptura no es del todo correcto, es quizá más una evolución que nos permite comprender mejor ciertas manifestaciones del siglo XV.

Este movimiento surge en Italia a fines del siglo XIV y principios del XV, expandiéndose con fuerza a Europa a mediados del siglo XV, y desde mediados del siglo XVI al mundo hispanoamericano. Es un movimiento universal pero que adopta las características y modos propios del pasado de las naciones a través de un proceso de asimilación. El que su origen sea italiano es porque Italia es fundamental por su pasado histórico que ahora se quiere recuperar e impulsar. Además hay otro factor relevante y es que en Italia nunca hubo un arraigo total y fuerte de lo medieval como ocurrió en Europa, precisamente porque aún estaba latente el espíritu clásico.
Politicamente Italia se organizó en torno a ciudades-estado que obtuvieron un gran auge artístico y político encabezadas por Florencia. Tras la muerte de Juan Galeazzo Visconti en 1402 los intentos por hacer de italia un reino unido bajo el mando de un solo gobernante, excedieron sus posibilidades reales. En el Renacimiento la historia de Italia es la de sus cinco estados principales: Florencia, Milán, Nápoles, Venecia y el Papado. Las constantes luchas por ampliar las fronteras hicieron posible la creación de un nuevo grupo social: los Condottierieranpersonajes especializados en la guerra, grandes estrategas que estaban generalmente al mando de una compañia, aunque, en última instancia, su suerte la decidían el poder, ls necesidades, los objetivos y los recursos del príncipe o Estado al que servía. Las guerras entre los estados italianos se hacían mediante contratos, por tanto a través de los condottiero, durante casi dos siglos. Esta tradición pseudo-mercenaria se hizo presente en europa desde el siglo XIII, gracias en parte al desarrollo económico de las ciudades, el crecimiento demográfico y la tradición de las Cruzadas, haciendo posible que parte de la clase de terratenientes se aúnen para producir un gran excedente de grupos armados fuertemente cualificados.

Desde finales de l siglo XV los condottieri fueron personajes para los que la guerra era una empresa esporádica más que una actividad permanente; la clave de este sistema se basaba en la condotta, contrato en el que se especificaban las condiciones de los servicios prestados por el capitan y sus soldados y su retribución por ellos. Este tipo de contrato se utilizó en otros ámbitos, gracias al nacimiento de una fuerte burguesía p´rospera que buscaba su propio beneficio. Nace ahora la clientela, debido a que la economía se va liberando y van tomando autonomía los pequeños comerciantes y banqueros que, con su mecenazgo, van a impulsar relaciones comerciales a nivel nacional e internacional. Pero este movimiento de capital no estaba controlado por un Estado fuerte que promoviera dichas iniciativas, sino que generalmente funcionaban como empresas privadas, gestionadas a menudo sobre una base familiar, subordinándose a la iniciativa de un linaje o clase social acomodada. Generalmente se trataba de aristrócratas que no eran miembros de la nobleza ni pretendían serlo, y, sin embargo, eran reconocidos como personajes de alto prestigio en la sociedad renacentista. Se mantenían al margen de la corte, valiéndose de la situación de que el príncipe o monarca no conocían los mecanismos financieros, abriéndose para ellos un campo extraordinario de oportunidades como operadores económicos o intermediarios entre ellos financiando algunos de los gastos extraordinarios de la corte. Pero aun sin pertenecer a la clase nobiliaria y eclesiástica, gracias a su capital rivalizaron con ellos.

El nacimiento del mecenazgo impulsó tambien planteaminetos gremiales, siendo la propia ciudad la que generosamente propició con los fondos de sus arcas el engrandecimiento de las ciudades. Así, por ejemplo, el Hospital de los Inocentes de Florencia fue costeado por el gremio del arte de la seda.
Ya hemos dicho antes que el Renacimiento surgió en Italia, pero además, el Renacimiento del siglo XV se da solo en este país. Se puede decir que en Francia, España y Alemania hacia 1450/1500 ya se conoce este movimiento, pero no se desarrolla plenmente hasta el siglo XVI. El renacer de Italia estuvo ligado a la idea de la recuperación de la grandeza de Roma, que tras la caída del Imperio Romano, y un periodo de anarquía y confusionismo, desde el quattrocento se trata de romper con esa etapa bárbara para volver a esa idea de grandeza latina. La pérdida de poder de la iglesia hizo que se propagaran las herejías, que finalmente darán a fines del siglo XVI la Reforma Protestante.
En esta épocael Imperio Bizantino se tambaleaba por los Turcos; la economía Europea estaba en crisis y las revueltas se propagaban. Esta etapa de crisis afectó al pensamiento: el escolasticismo de la Edad Media cae en un escepticismo radical. Los primeros pensadores cristianos concedían una primacía al espiritualismo sobre lo material, existía una visión providencialista, el poder de los Papas sobrepasaba al de los Príncipes y esto dio lugar a inicios del Renacimiento a enfrentamientos entre ambos poderes.
Teorías de inicios del Renacimiento proponen que el gobierno es una institución terrenal pero de origen divino. Surgen entonces nuevos pensadores que renuevan la teoría política, exigiendo la separación de poderes: el gobierno es una institución terrenal de invención humana que no tiene nada que ver con la divinidad. Uno de los primeros teóricos en afirmar esta otra teoría fueDante, que, en su obra De Monarquia defiende la autoridad civil sobre la eclesiástica. Otros tantos pensadores proponen esta división como Marsilio de Padua y Guillermo de Occam entre otros.
La teoría política de este periodo llega a su culmen con Maquiavelo, pensador que influirá posteriormente en el pensamiento del Barroco. Este autor propone por primera vezla total separación de poderes entre la Iglesia y Estado, pero incluso fue más allá: en su obra Discursosafirmó que el objetivo de un buen gobernante debía ser el bienestar de su comunidad, por tanto el soberano podía saltarse cualquier cuestión moral, ética o religiosa.
La polémica estaba servida en los núcleos eclesiásticos, culminando con la Reforma. Todas estas ideas fueron posibles también gracias a los avances científicos de este periodo. La ciencia cobrará un fuerte desarrollo gracias al humanismo y a inquietud intelectual. El Humanismo tiene sus antecedentes en plena Edad Media, en la modernidad del pensamiento de Abelardo, filósofo francés del siglo XII, que propugno una filosofía individualista ensalzando la grandeza humana, en un momento en que domina la idea de Dios sobre lo terrenal. Un poco más adelante otro antecedente aislado fue la corriente humanista desarrollada en el siglo XIII en laUniversidad de Charyres, donde se animaba a profundizar y conocer el mundo clásico. Este brote aislado francés se da en Italia en términos similares en los círculos cultos de Florencia, en la Academia Neoplatónica costeada por los Médici. El término Humanismus fue acuñado en 1808 por el alemám Netharmer, refiriéndose al valor formativo en la educuación de los clásicos grecolatinos. El humanista del Renacimiento era por definición un erudito, un hombre culto, enamorado de la antigüedad y perocupado por el estudio de todas las disciplinas en el campo del saber. Se siente atraído por la filosofía de Platón. Los dos máximos defensores de las concepciones platónicas fueron Marsilio Ficcino y Piccolo della Mirandolla, que fueron quienes fundaron la Academia Neoplatónica de Florencia.
En teoría defendían el pensamiento platónico adaptándolo al concepto cristiano. En la Academia se promovió el estudio y la traducción de la cultura latina, destacando Pietro Bracciolini que descubrió el Tratado de Arquitectura de Vitrubio, que será el modelo tratadístico de los siglos XV y XVI; también es importante la figura de Poliziano que recuperó el interés por la mitología, haciendo resurgir el paganismo en el arte cristiano.
El hombre humanista se centra en el estudio de la cultura clásica, en el estudio del hombre como individuo y en su capacidad intelectual para el estudio de todos los campos del saber: ciencia, filosofía, arte...El ideal es un hombre completo, armónicamente desarrollado en lo físico y en lo espiritual que no limita su saber a un campo concreto, sino abierto a lo universal. La plena confianza que se tiene en el hombre da lugar al antropocentrismo. El prototipo de humanista lo encontramos en Leonardo da Vinci. El intelectualismo de este periodo produjo grandes avances en el mundo de las ciencias, acrecentado por el descubrimiento de la imprentaque ayudó a la difuesión de los saberes por todas las cortes Europeas. El hombre en el terreno científico trata de profundizar en las apicaciones y fundamentos de la ciencia; así hay un gran desarrollo de la oftalmología; las cátedras de cirugía y anatomía en las Universidades serán desarrolladas por los médicos que se van dirigiendo cada vez más por el camino práctico comoMiguel Servet, que publicó el Tratado de Terapeútica donde manifiesta ser el descubridor de la circulación pulmonar, dejando la puerta abierta para que posteriormente se descubra la circulación de la sangre.
La astronomía fue uno de los campos más importantes en el progreso científico, que influirá en el cambio de pensamiento de los europeos gracias a la obra de Copérnico De Revolutionibus Orbium Caelestium donde tira por la borda las teorías geocentristas de Ptolomeo, afirmando un sistema heliocéntrico que explica de manera más efectiva los fenómenos astronómicos observados. Se producen también extraordinarios inventos en el campo de la ciencia de lanavegación, impulsados por el descubrimiento de América: aparece el astrolabio y el nocturlabio, la carta naútica o portulario, inventos que facilitaron la navegación y el afán de aventura y conquista de nuevos territorios.
A partir del siglo XVI estos conocimientos comienzan a difundirse por toda Europa, pero antes de terminar esta brevísima introducción al Renacimiento hay que mencionar un hecho importante que marcó el paso de este periodo al Barroco, y que conocemos como la crisis Manierista. En 1527 los ejércitos del emperador Carlos V tomaron Roma y la sometieron a un brutal saqueo donde fueron hechos prisioneros el Papado y el Sacro Colegio Cardenalicio. Durante nueve meses toda la cristiandad estuvo sin guía, augurando ya el cambio con la Reforma que desde Alemania se pedía con fervor. Un cambio que defraudó a muchos en su esperanza por la renovación de la iglesia porque no llegó a culminar hasta varios años después y sin cuajar en Roma. Pero, como indica André Chastel en su obra El Saco de Roma desde esta fecha ya nada fue igual: esta crisis no sólo supuso un trágico ejemplo de la guerra, sino que dio lugar a la difusión de una nueva mentalidad que afectó tanto a las artes como a las letras más allá de Italia. Así surge el manierismo, término que deriva del vocablo italiano Manieray que se refiere a los distintos modos gramaticales de diverso significado. El significado más parecido sería estilo, aunque la maniera era considerada un atributo inherente al arte. La llegada del Manierismo está relacionada con la creación y práctica de un tipo completamente distinto en su personalidad, dotado de facultades individuales propias, esto suponía una liberalización en parte de las reglas estéticas que se promovieron desde las Academias del Renacimiento.
El Manierismo surge en un periodo de crisis como una transición no sólo debida a un antihumanismo, como se ha intentado ver, sino que se suman una serie de factores que, de manera inherente, hacen que aparezca la ruptura: el saqueo de Roma, la preparación del Concilio de Trento, la nueva orientación de las rutas comerciales, la revolución económica en toda Europa y la crisis econímica en el ámbito mediterráneo, que hacen realidad la crisis y también en parte la disolución del humanismo en Italia, en favor de una mentalidad que es por un lado racionalista hasta el límite, y por otro lado radicalmente antiintelectualista. Esta crisis comenzó con la duda de si eran concordantes las necesidades espirituales y corporales con las creencias religiosas y la salvación, dando lugar a un arte donde lo espiritual no era representado como algo que se consumía en las formas materiales, sino que podía ser sugerido más allá de los límites de las formas. De esta manera el manierismo como antihumanismo, como filosofía de vida y como nueva dirección por sus tendencias opuestas al Renacimiento, podría designarse como Contrarrenacimiento. El Manierismo es por tanto, una manifestación de crisis, la necesidad de nuevos horizontes para ser explorados que se produce , sobre todo en el ámbito del arte, y que augura el nacimiento de un nuevo periodo: el Barroco.


El Humanismo
El Humanismo es el movimiento intelectual que se extendió por Europa a partir del siglo XV. Viene de la palabra latina homo (hombre). La nueva forma de pensar confíaba en el ser humano, en su razón y en su capacidad para cultivar todas las ramas de la sabiduría.

Si en la Edad Media los ideales de perfección fueron el guerrero o el monje, ahora será el cortesano, el caballero renacentista; sabedor de las lenguas clásicas, griego y latín, de la poesía y de la historia; capaz de escribir en prosa y en verso; conocedor y practicante de la música, el dibujo y la pintura; hábil en el manejo del caballo, en torneos, competiciones y juegos; además, gentil y galante. La dama debía ser honesta, tener conocimientos de las letras, de pintura y de música, y saber danzar, para alegrar las fiestas cortesanas.

Como ves, lo que se pretendía era un formación integral, esto es, saber de todo; tal vez lo contrario que ahora, que se tiende más a la especialización, a saber mucho de una materia, aunque se desconozca lo elemental de otras muchas. Claro está, eso era el ideal. La realidad luego sería otra. Lo cierto es que algunos personajes de la época sí que se aproximaron.

Los humanistas se reunían para cambiar impresiones y experiencias. Lo hacían en la corte, en los palacios de los mecenas, sus protectores, o en academias. Escribían sus obras en la lengua de su país y no en latín, que era la lengua culta de la época anterior, un gesto más de romper con lo medieval; por ello, cobraron gran importancia las literaturas nacionales.

Solían viajar mucho a otros países, para entrevistarse con sus colegas y estar al corriente de sus actividades. Las ciudades donde más se desarrolló el Humanismo fueron: Florencia, Venecia, Bolonia y Padua (en Italia); París (Francia); Oxford (Inglaterra); Alcalá de Henares y Salamanca (España).

La Imprenta.

Su invención en 1450 por Guttenberg, tuvo grandes repercusiones. En la reforma protestante, la imprenta jugó un papel fundamental, recordemos que es la “Biblia” el primer libro que se imprimió a gran escala y que por esto se difunden rápidamente los textos de la reforma calvinista. Por supuesto que la imprenta acarreó cambios en la música, pues es justamente a partir de esta que se fija el lenguaje y escritura musical, que hasta nuestros días es hasta cierto punto único, en comparación con las otras artes. Hay que anotar sin embargo que esto no sucedió si no hasta después de haber la escritura musical por toda una serie de modificaciones que va desde la escritura neumática, pasando por lo mensural en las notas y culminando en el pentagrama y los signos de Petrucci.

Este fenómeno de la escritura impresa conllevó una serie de giros en la música. Con la escritura musical, el canto gregoriano pierde su frescura., ya que no es posible escribir en el pentagrama una serie de adornos propios de este canto.
La Mujer en la Edad Media
La Mujer en la Edad MediaEl principal problema que nos encontramos a la hora de definir la Historia de las Mujeres en la Edad Media, es su ausencia en las fuentes escritas, por lo que no es fácil rastrear sus actividades diarias, sus posicionamientos o pensamientos sino que lo poco que sabemos es a través de los escritos masculinos.
Por eso hay que ser cuidadosos a la hora de tener o no por válida la imagen que los clérigos, los únicos que sabían escribir, dan sobre la mujer. A pesar de esta dificultad, hoy en día conocemos a grandes figuras como Leonor de Aquitania, Juana de Arco o Christine de Pisan, así como muchos elementos de su vida cotidiana: podemos conocer qué comían, a qué se dedicaban, cómo cocinaban, qué vestían, etc.
Es realmente difícil determinar si hubo una evolución o un retroceso en la situación de la mujer en la Edad Media. Fueron diez siglos en los que la sociedad, la cultura y las costumbres sufrieron muchas variaciones. Por ejemplo, España comenzó el siglo VIII con tres religiones conviviendo: la judía, la musulmana y la cristiana, que son, además, tres formas distintas de pensar, entender, definir y construir a la mujer.
Si avanzamos en el tiempo, nos encontramos con una Europa - incluida España- cristiana, en la que la Iglesia va tomando poco a poco parcelas de poder; entre ellas, las referidas a la moral. Este orden se ve reforzado por un sistema social muy rígido, marcado únicamente por el nacimiento, donde las diferencias de clase son claras. Estos dos elementos, junto con la proliferación de obras que tratan sobre el carácter femenino, definirán la posición de la mujer a lo largo de la Edad Media.
La Iglesia tenía reservadas para la mujer dos imágenes que pretendía instaurar como modelo en una sociedad cada vez más compleja, que había que dirigir con mano de hierro si se quería controlar. La primera de ellas es la de Eva, que fue creada con la costilla de Adán y propició la expulsión de ambos del Paraíso. La segunda es la de María, que representa, además de la virginidad, la abnegación como madre y como esposa. Ambas visiones pueden parecer contradictorias pero no es sino la impresión general que tenemos de la época: lo ideal frente a lo real.
Adán, Eva y el Pecado Original en un capitel románico
Ligado directamente a este aspecto, y teniendo en cuenta que la virtud más importante para la mujer es la castidad, la cuestión de la sexualidad es ampliamente tratada por el clero. Entorno a ella surgen distintos debates que siempre concluyen en el mismo punto de exigencia para la mujer: despojar al acto sexual de todo goce y disfrute para entenderlo como un deber conyugal, que tiene como objetivo la procreación. Es por tanto, sólo posible dentro del matrimonio y con el esposo, no estando permitida para la mujer, bajo pena de escarnio y muerte, las relaciones extramatrimoniales ni adúlteras. Lo que aún crea debate para los historiadores es si entre los matrimonios, y por tanto en la práctica sexual, existía o no el sentimiento de amor y si fuese así, qué sentido y dimensión tendría.
Si hacemos caso a los libros, el ideal de vida, de amor y de mujer era, como ya se ha visto, más idílica que real, en la que el Amor Cortés era el máximo exponente y la mujer la descrita en él: casta, prudente, trabajadora, honrada, callada y hermosa y sorprendentemente culta, capaz de entretener y sorprender a su caballero. No obstante, es posible encontrar diferencias entre las situaciones femeninas. Algunos historiadores apuntan que la edad es esencial a la hora de estudiar a las mujeres en esta etapa, ya que la sociedad exigía diferentes virtudes y comportamientos en cada momento de la vida. 
Casagrande va más allá: en el mundo medieval infancia y adolescencia se unen en una sola etapa, la de la virginidad… es considerada una etapa transitoria, incompleta, preparatoria para la siguiente, que se caracteriza por la reproducción"
Sexualidad medieval
Si nos referimos al físico, como en los saberes y la literatura, se impone el modelo clásico: la figura femenina de las esculturas romana donde las mujeres poseen un vientre abultado y generosos pechos, símbolo de la fertilidad así como una figura algo redonda signo de su clase social. Además gusta la mujer de piel clara que no ha ennegrecido trabajando al sol, de cabellos rubios y rizados, limpios y cuidados. Si tenemos en cuenta las duras condiciones de vida y la casi inexistencia de cosméticos, podemos considerar que se impusieron unos cánones muy extremos, paralelos a la idealización que se hace del amor y de las relaciones de pareja. Posiblemente sea consecuencia de que es la visión que impusieron los hombres religiosos, lejos de la realidad, y por tanto, lejos de las mujeres reales de ese tiempo.
Desde el punto de vista social, podríamos hacer una triple diferenciación en cuanto a la posición de las mujeres en él: la mujer noble, la campesina y la monja. La primera de ellas era la única que podía gozar de grandes privilegios y la que, si fuese posible, podría alcanzar un mayor reconocimiento.
Era el centro del hogar donde se encargaba no sólo del cuidado de los hijos y su educación sino que también de la organización de los empleados que trabajasen para ellos, del control de la economía y en ausencia de su marido, bastante común en la época por las guerras o las cruzadas, o por quedar viuda, era la encargada, como administradora, de tomar las decisiones en sustitución de su marido. La realidad era, según algunos especialistas, que las necesidades que tenían en el del día a día nos permiten conocer ejemplos a través de documentos-diarios, contabilidades del hogar, permisos especiales, etc.- sobre ciertas mujeres que ejercían como lo hicieran sus maridos o que incluso podían llegar a alcanzar un gran poder social.
El día de la mujer noble podía llegar a ser agotador dependiendo de las posesiones que tuviese que dirigir, de sus empleados y del número de familia. De cualquiera de las formas, era un trabajo más complicado de lo que la literatura clásica ha dado a entender. No obstante, el dinero o el prestigio no hacía que estas mujeres fueran plenamente felices y es que se jugaba con ellas desde que eran utilizadas como moneda de cambio a través de las uniones matrimoniales, que servían para sellar pactos estratégicos o políticos, y así aumentar las posesiones de uno u otro hombre. A la mayor parte no se les permitía intervenir en política y, aunque eran las transmisoras de la dote, según la Legislación, no podían gozar de ella ni en su estado de casadas, solteras o viudas, porque pertenecían al padre, al esposo o al hijo.
Pero, sin lugar a dudas, era la mujer campesina medieval la que más duras condiciones de vida tuvo que soportar: dentro del hogar era la encargada de la cocina, de las ropas, de la limpieza, de la educación de los hijos, etc. Fuera de él debía ocuparse del ganado y del huerto, cuando no debía trabajar también en las tierras de cultivo. Si por el contrario la mujer residía en la ciudad, además de ocuparse de su familia y la casa, debía hacerlo del negocio familiar o ayudar a su marido en cualquiera de las actividades que éste llevase a cabo. Si ambos cobraban un salario, el de la mujer era notablemente menor, a pesar de que realizasen los mismos trabajos.
Este hecho es especialmente lacerante cuando la mujer es soltera o viuda y deja el hogar para trabajar, normalmente en el servicio doméstico- representa la mayoría-, en el hilado, o como lavandera o cocinera. Pero también lo hace, como decimos, en el campo como braceras o jornaleras.

Por último, la mujer que opta por dedicar a Dios su vida es una mujer que ha cometido pecados en su vida y quiere redimirse, o bien una segundona que ha visto cómo su dote se ha ido con una hermana mayor, o simplemente una mujer que ve el convento como salida a un casi seguro matrimonio pactado. Esta mujer ha sido la que más expectación ha generado en la historiografía, derivada de las particularidades de los conventos y la relativa libertad que se vivían dentro de ellos.
Un caso especial muy estudiado también, lo suponen las beguinas, mujeres que dedican su existencia a la religión pero que lejos de ingresar en un convento, mantienen su vida cotidiana fuera de éste. Estas mujeres pretendían tener un contacto inmediato con Dios, sin intermediación de la Iglesia, para establecer un diálogo directo con Él. Del mismo modo, se dedicaban a la defensa y el cuidado de los pobres, de los enfermos y los huérfanos, y a un campo poco común, el del conocimiento: traducían obras religiosas a lenguas comunes.